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El tiempo pasa pero la emoción es cruda y presente. Mientras viajo y hablo con los que están frente a mí, especialmente los hombres, hay un mensaje que debe compartirse entre nosotros. Creo que se trata de despertar de nuestro sueño y darnos cuenta de nuestro legado. Se trata de fortalecer nuestra determinación y ser capaces de mantenernos firmes. Lo haremos recordándonos mutuamente quiénes somos realmente con palabras que surgen del corazón. El mundo nos necesita (hombres) ahora, más que nunca. Ser la roca sobre la cual se construye la vida. Podemos ser los sostenedores de la vida y caminar al lado de la mujer para que se puedan aprender nuevas lecciones sobre lo que significa vivir. Poder dejar algo detrás de nosotros que sea digno de nosotros y que establezca el camino para nuestros hijos. Para volver al amor.

Éste es mi tributo para ti, porque debes ser la figura más incomprendida de la historia. No sólo tú, mi propio padre, sino todos los padres. Mirando hacia atrás, como hacemos todos, me encuentro a mí mismo riendo en silencio, tal vez con una pequeña sonrisa, o quizá sean realmente lágrimas de comprensión comenzando a salir y mostrarse. ¿Cómo puedes haber sido tan incomprendido? ¿Por qué te tratamos tan mal? Debes haber tenido tus propias lágrimas, tratado de ocultar tus heridas e intentado aceptar tu destino. Eres el antihéroe del mundo.

Nosotros queríamos que fueses el héroe, el personaje principal, que era noble, sabio y de modales elegantes. El que nos defendía de lo inesperado e indeseado y nos mostraba el camino hacia adelante. Queríamos que tú moldearas el mundo para nosotros, que nos guiaras, que nos dijeras cómo hacerlo nosotros mismos y que estuvieras allí para nosotros cuando no estuviésemos muy seguros. Tenías que vivir para nosotros. ¿No entendías eso? ¿Éramos injustos? ¿No pensamos en cómo ibas a hacer para encontrar tu camino? ¿Nos preocupamos de si habías encontrado lo que estabas buscando?

¿Qué pensaste cuando tus sueños se evaporaron y se seguía esperando que tuvieras una actitud positiva? ¿Le importó realmente a alguien, como te enseñaron y como todos sabíamos, que lo que tenía realmente importancia era mantener las apariencias? Y cuando el amor desapareció de tu vida, fue eso lo que te empujó al borde y te lanzó dentro, para perderte en la lástima hacia ti mismo y el remordimiento.

Creo que ahora lo entiendo, Dios, yo tengo ahora la edad que tú tenías cuando como tu hijo, rechacé todo lo que veía en ti. Yo era el menos comprensivo contigo. Yo también enterré mi daño y busqué muy lejos para encontrar a alguien que pudiera tomar tu lugar. Es evidente ahora, no lo era en ese momento, pero nuevamente ¿cuándo somos justos al tratar a otros cuando nuestro propio dolor es tan  grande, tan vivo?

Lo que yo buscaba, tú no podías dármelo. Pienso que quería conocerte, saber lo que era ser un hombre, para entenderlo todo en tu vida. Tú eras la única imagen que tenía de los grandes dadores, guerreros, estadistas, de los hombres que iniciaban y los conquistadores de la historia. ¿A quién más tenía? ¿Dónde más iba yo a encontrarlos sino en ti? Como hombre, tú representabas, en gran medida, el avance de la civilización. Pero exigimos un alto precio de ti, te robamos tu libertad para ser quién eras y querías ser, y dijimos “Ríndete, no tienes opción”.

No importaba demasiado que tú mismo tuvieras pocos modelos auténticos para basar tu vida en consecuencia. Tú sólo veías limitación en tu padre y él en el suyo. ¿Qué era esa cadena de genes que inexplicable e incomprensiblemente pasó a nosotros, de generación en generación, sólo con información falsa de lo que era ser un hombre? Nada de amor, nada de cuidados, no muestres lo que estás pensando o sintiendo, sólo sigue hasta que no puedas soportarlo más. No podías haber sabido lo que cualquiera de nosotros quería de ti, no tenías idea de cómo encontrar lo que tú estabas buscando. Era un círculo vicioso. Amor perdido, sueños perdidos e hijos que iban en otra dirección.

Sabes, podíamos haber hablado. Tú podías haber compartido lo que estaba allí bajo la superficie. Al menos ahora, en la media tarde de mi vida, no estoy interesado en mitos y fantasías sino sólo en humanidad; tu humanidad como hombre. Fuiste tan difamado en cada paso del camino, nadie tuvo compasión por ti. Nadie trató de entenderte o apoyarte. Nadie te preguntó por qué tomaste las decisiones que tomaste o qué estaba pasando en tu cabeza en el momento. Y ciertamente, nadie preguntó qué estabas sintiendo. Estabas solo – terriblemente solo.

Me hubiera gustado saber alguna de esas respuestas, quizá incluso para ser tu confidente. Lo que podría haber aprendido de ti. Podía haber aprendido lo que era ser un hombre y enfrentar los retos de serlo. Me hubiera ayudado en mi propio camino, pero no es mi intención ahora emitir culpas, ya que los vínculos entre hombres, padres e hijos deben ir más allá de la culpa.

Fracasar y perder no era la cuestión, yo necesitaba aprender lo que era convertirse en un hombre y vivir para luchar otro día. ¿Qué sentiste cuando el amor te tocó? ¿Qué aprendiste cuando el amor huyó de ti? ¿Cómo te sentiste en lo más profundo de ti cuando diste, cuando fuiste capaz de hacer a alguien feliz? ¿Qué sentiste cuando hiciste daño a otros? ¿Pudiste encontrar tu propio dolor? ¿Qué fuerzas estaban en tu contra, qué batallas libraste en lo más profundo de ti? Me hubiera encantado saber todo eso. Yo podría haber escrito la historia de ese gran legado y haberla pasado a mi hijo. Es nuestra historia, esa del hombre mismo. Cómo trata él con el éxito y el fracaso, el triunfo y la decepción y dónde pone su dolor a descansar.

Tú eres el padre, el plantador de las semillas de la vida, el recolector de frutas, el defensor del bien y el dador. Tú eres mi legado y ahora yo también formo parte de ese especial vínculo. Es un secreto que debemos compartir, porque es conocido sólo por nosotros. Es el regalo del perdonar y la exoneración de ofensas, de ser noble y virtuoso y por sobre todo – magnánimo. Es el secreto de no darse por vencido sino de darlo todo por la victoria. Es sobre encontrar el amor a la vida y conservar la vida en amor. Lo que hemos de decir no es sobre castigar nuestra virilidad o eliminar nuestra polaridad, sino sobre ser libre para expresar lo que está allí dentro de nosotros; ya que estamos ligados a la naturaleza y necesitado, como lo está la mujer, y sin quien la vida no existiría.

Es evidente que si el hombre está ausente – física y emocionalmente – de la vida y de aquellos que forman parte de ella, crecemos con una pieza fundamental faltante en nuestra estructura genética como humanos. Se ha perdido el mensaje de que la vida no es lo mismo sin el padre – sin el hombre – que él es necesitado y deseado, a pesar de sus fallos.

Así que tú y yo tenemos nuestra responsabilidad, para sanar tus heridas y sanar las mías. Yo puedo darte mis palabras ya que están nutridas por mi corazón y quizá puedas encontrar tu paz en ellas. Tú ya me has dado mucho, porque de ti he ganado la comprensión y mi carga es menor. Démonos permiso un al otro de ser somos. Tú, el padre; yo, el hijo. Todavía hay tiempo para impartir las lecciones del tiempo. Deben ser habladas y expuestas con claridad, ya que son la historia de aquellos que nos buscaránde ahora en adelante. No debemos tener miedo al pasado, sino ser fieles a la nobleza de la causa. La fuerza del hombre reside en su unión, libre de su soledady su funesto engaño. Debemos cambiar el destino del hombre.

Así que por favor no te preocupes, no he olvidado quién eres. Recuerdo cómo fue la vida para ti, llena de arte y belleza. Tú creaste con cada acto, cada palabra, cada atención al detalle. Nada se escapaba a tu mirada. De ti aprendí a comunicarme, eras magnífico en eso, la vida se destinó para compartir y descubrir a todos los que se cruzaron en tu camino. Y pienso que si hay dentro de mí alguna bondad inherente, debe ser tu legado para mí como a menudo recalcabas en otros. Como puedes ver, yo no puedo escapar de quién soy, ni quiero hacerlo – tú me has dado mucho. Está todo allí; grabado y metido en mi carácter y personalidad para que todo el mundo lo vea. Tú, el padre, que está detrás del hijo.

Postdata: ¿No sería maravilloso, si la vida volviera a comenzar con todo lo que sabemos ahora?

 

 

 

 

 

 

 

 

2 Comments

  1. Daniel

    Gracias, Hargobind. Sigamos caminando, reconociendo, aprendiendo el significado de amar y sanando… Siento que la fuerza liberada de la figura del padre nos puede ayudar mucho en ello… Me encantaría poder compartir algún día estas reflexiones contigo. Un fuerte abrazo <3

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    • Hargobind Singh Khalsa

      Gracias Daniel por tus comentarios y que sientas igual como yo. Un abrazo grande!

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